Hace cerca de 2000 años, los galo-romanos plantaban viñas en la colina de una villa que se convertirá en Urville en la Edad Media. Hay que esperar al año 1116 para que San Bernard, llegado de la Abadía de Cîteaux cerca del Clos Vougeot, reorganice el viñedo. Él importa de Bourgogne el Morillon Noir, ancestro del Pinot, y hace construir varias bodegas, una de ellas en Urville, anexa de Bavin-Saint Eulalie en 1152.
Todas estas propiedades son recompradas a la gran Abadía de Clairvaux fundada por el Santo Hombre que repercutirá en toda la Europa medieval. A su muerte en 1153, la producción de vino está cerca de 600 000 litros, principalmente expedidas en barricas pues el vidrio era raro y caro en la época. Los vinos llamados : Vinos de Bar, son apreciados por los Condes de Champagne y en Paris después de ascender al Aube y al Sena a bordo de buques mercantes.
Después de la Revolución francesa, Napoleón transforma la Abadía de Clairvaux en prisión. Las cavas de Urville se convierten en presbiterio del pueblo en el siglo XIX. La Familia Drappier instalada en copropiedad con estas bodegas, las compra y se instala después de la Segunda Guerra Mundial. Ellas albergan hoy algunos grandes ‘millésimes’ y las más grandes botellas, orgullo de la casa.

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